jueves, noviembre 16, 2006

Siempre a peor

Parece que hay cierto pollo montado con el tema de un anuncio de Renfe (bueno, ya no se llama Renfe, pero eso a mí me da igual) en el que supuestamente se hace publicidad subliminal del PSOE. Se supone que aparece un cartel electoral de Felipe González y otro con la cara de ZP, pero después de ver el vídeo a mí la cosa me parece una paranoia más de nuestra muy decente clase política (en este caso, el PP gritando desde la oposición) que otra cosa.

Desde luego que hay otros temas más preocupantes. Que el chiringuito se nos hunde (si es que alguna vez estuvo a flote) queda demostrado cuando 300 de los 700 científicos con becas Ramón y Cajal están a punto de irse al paro. Estamos hablando de profesionales que se han formado en el extranjero (normalmente Estados Unidos, donde les pagan mucho más que en España) y a los que el ministerio de Educación contrató con becas que, después de cinco años, se iban a convertir en contratos laborales. Ahora se acaba el programa y llega la hora de la vergüenza, porque no hay sitio para esa gente. Y es que la ciencia, en España, no ha evolucionado mucho más allá desde los experimentos que el Muecas hacía con ratones en Tiempo de Silencio.

Más cutradas, por favor: Televisión Española, ese agujero de miles de millones de euro a cuenta de los contribuyentes, nos dice ahora que se ajusta el cinturón. Después de prejubilar a varios miles de trabajadores con el 90% del salario (para eso, yo les pagaría el 100% y los pondría aunque fuera a pegar y despegar sellos), a principios de esta semana nos llegó el último grito en sobriedad presupuestaria madeinspain: los aspirantes a Eurovisión 2007 tendrán que ir al concurso Misión Eurovisión maquillados y peinados de casa. Definitivamente, la tragedia nuestra no es tragedia, es tragicomedia.

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miércoles, septiembre 06, 2006

Paletada consumada

Como no podía ser de otra forma, nuestro pronóstico se cumplió (ver el final de la entrada arbustiana de abajo, sobre la selección española). Los del Premio Príncipe de Asturias han consumado la paletada al darle el premio al equipo español, cuyo mérito ha sido proclamarse campeón del mundo de baloncesto. ¿Por qué no se lo dieron a Serbia y Montenegro, por ejemplo, cuando se proclamó campeona en el anterior mundial? ¿O a Italia, por ganar el mundial de fútbol este año? Si no hay entereza moral para organizar un premio de alcance internacional, pues se elimina el premio y ya está (un buen dinero público que ahorraríamos, por cierto).

Por supuesto, Televisión Española estará retransmitiendo el acto de entrega con todo lujo de detalles (léase: decenas de funcionarios para hacer posible una conexión televisiva). No pagan los derechos de retransmisión del baloncesto (¿qué son 3,5 millones de euros dentro de la milmillonaria deuda del ente / Ente público?) y luego se suben al carro tarde y mal, como cuando el lunes por la noche retransmitieron en la Primera la celebración del título en Plaza de Castilla de Madrid: jugadores y entrenador diciendo tópicos sobre un escenario montado en la plaza. ¿Era necesaria esta chapuza? ¿Hasta cuándo, Caffarel, abusarás de nuestra paciencia?

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Lamiendo el culo a la monarquía, de nuevo

Como sabrán los lectores de este blog, el domingo la selección española se proclamó campeona del mundo de baloncesto (paliza mítica a Grecia, por cierto). Durante el campeonato, el secretario de Estado para el Deporte estuvo en Japón con el equipo nacional, y el último día llegó in extremis la ministra de Educación, Cultura y Deportes para poder cazar una foto con los chavales. Creo que con el secretario de Estado ya había suficiente representación política, y que no tenía sentido hacer volar a ZP expresamente para ver la final, (en cuanto a la ministra, ya dijo alguien el domingo que la mujer acababa de presenciar su primer partido de baloncesto). Y, políticos aparte (cuanto más lejos, mejor, en mi opinión) los que sí que no se dejaron caer por Japón (qué lejos queda Japón, que diría la canción) fueron los miembros de nuestra esforzadísima familia real, ésa tan “moderna” y “amante del deporte”. Parece que el Rey tenía una apretadísima agenda (¿por qué no ha dicho dónde pasó el fin de semana?) y de Urdangarín (ex deportista profesional) y compañía poco o nada se sabe. Mucho practicar vela y equitación (deportes poco elitistas, desde luego) pero luego a nadie le apetece comerse el viaje a Japón, ni siquiera en primera clase y con todo tipo de lujos.

Me trae sin cuidado la cuestión de si la familia real debió desplazarse a Japón para asistir al mayor éxito del deporte español en su historia. Lo que no soporto es que todos los periodistas, tanto de derechas como de izquierdas, laman el culo a los reyes cuando ayer martes recibieron a los jugadores de baloncesto en su Choza Real. La situación es la siguiente: la consecución del campeonato no es tan importante como para que alguien de la monarquía se desplace a Japón, pero cuando les hacen una recepción oficial dos días después del triunfo entonces sí que toca alabar la enorme gratitud y humanidad de nuestro rey. ¿Por qué hay tanto cagón suelto? ¿Nadie se atreve a denunciar lo obvio?

Por cierto, que si hoy les dan el Premio Príncipe de Asturias de los Deportes a la selección de baloncesto, el galardón perderá automáticamente el poco prestigio que le queda. ¿No se supone que es un premio de alcance internacional? ¿Qué mierda es ésa de improvisar galardonados así, de manera tan burda y pacata? Nadie se ha acordado del basket en este país durante años (recordemos: Televisión Española no se molestó en pagar los derechos de emisión) y ahora, de pronto, salen las condecoraciones por todas partes, como si la dignidad de la clase dirigente española consistiera en sacar un paquete de donettes en el patio de un colegio.

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sábado, junio 11, 2005

Ramón García


He intentado abstraerme de ello, pero resulta materialmente imposible. Como cada año, y ya van once, Ramón García vuelve con su Grand Prix. He copiado un texto publicado este viernes en el suplemento de uno de los periódicos más vendidos de España, y me he permitido el lujo de traducir cada párrafo en lo que de verdad opina la gente. Veréis que la diferencia es abismal.

"Con la llegada del buen tiempo y los calores, irrumpe en la parrilla de TVE, un año más, el Grand Prix del verano, ese refrescante programa que en los últimos 11 años ha estado enfrentando - deportivamente hablando - a pueblos de toda España y asegurando la diversión a millones de telespectadores."

Con la llegada de una nueva ola de calor que producirá la muerte de decenas de personas, TVE emite de nuevo su manido programa Grand Prix. Las pocas ganas de trabajar que tienen los funcionarios de la televisión pública hace que, un puto año más, los peces gordos sigan robando cantidades millonarias sin tener que currarse nada nuevo (¿por qué lo van a hacer si nadie los va a echar del trabajo?)

"Ramón García vuelve una temporada más a tomar las riendas de este espacio estival en el que estarán también las bailarinas del clásico Ballet del Grand Prix, que ayudarán a los concursantes a entender mejor las divertidas pruebas y animarán a las localidades concursantes."

Ramón García, personaje odiado por todo el país (como quedó demostrado el 31 de diciembre) vuelve a hacer el paripé de presentar un programa del que él mismo se avergüenza en la intimidad. Junto al caradura de Ramón, unas aspirantes a modelos harán de mujeres tontitas (toma ya igualdad de sexos en pleno siglo XXI) y pondrán cachondos a nuestros jubilados con sus faldas y sus medias transparentes. Estas bailarinas / azafatas poco tienen que ayudar a los participantes, pues la simpleza de las normas las hace accesibles hasta para Carmen Calvo.

"La presente edición llega con nuevas sorpresas y juegos que se combinarán con los habituales del concurso, como Los troncos locos o La patata caliente. Habrá competiciones de fuerza, persecución, habilidad y divertidos disfraces, así como una enorme piscina que recogerá cientos de chapuzones. Por supuesto, tras más de una década siendo la protagonista, la vaquilla no podrá faltar en el nuevo Grand Prix, provocando un buen número de acrobáticas caídas y trastazos para todos los gustos. Tres árbitros controlarán que los juegos se realicen correctamente y darán una puntuación justa a cada concursante."

Esta undécima edición de Grand Prix viene a traer lo mismo de siempre. Los troncos locos no dejan de ser una paupérrima copia de la mítica prueba de Humor Amarillo, y La patata caliente es un peñaazo sin igual en la historia de la televisión: ¿a alguien le entretiene ver cómo el alcalde de Marmolejos intenta acertar la altura del Monte Aneto: 1800 metros, 1900 metros...? La piscina, foco infecto de meados, pone la nota acuática en un programa que se dice refrescante. ¡Ah! Y no se olviden de la puta vaquilla, puesto que sin este aditamento carpetovetónico perderíamos nuestra identidad imperial. Tres funcionarios disfrazados de árbitros (¿por qué llevan pantalón de chándal amarillo?) desarrollarán la farsa de repartir los puntos de forma equitativa para mantener la emoción hasta la última prueba del concurso.

"Los municipios concursantes estarán representados por un numeroso equipo de participantes, encabezado por su alcalde y un personaje famoso que actuará como padrino o madrina."

Los pueblos participantes pagarán una pasta para aprovechar el excelente marco publicitario que es el prime-time de TVE, una cadena cuya audiencia desciende en picado. Para más inri, no hemos de olvidar que en verano aún hay menos gente viendo la televisión. Podremos admirar a un numeroso equipo de paletos que acudirá al plató con el objetivo primordial de poder relatar múltiples anécdotas (bastante embellecidas, para qué negarlo) sobre su interacción física con las azafatas (roces, palmadas) a sus colegas de polígono industrial. Al ladrón del alcalde, todo un cínico amante del transfuguismo y amigo de especuladores inmobiliarios, le acompañarán grandes personalidades de la vida social española, a modo de padrino o madrina. Entre ellos (cómo no) desfilarán Coral Bistuer, Juncal Rivero y, casi con toda seguridad, el nunca-suficientemente-valorado-pensador Ramoncín. Previo paso por la caja registradora, eso sí.

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