miércoles, septiembre 06, 2006

Paletada consumada

Como no podía ser de otra forma, nuestro pronóstico se cumplió (ver el final de la entrada arbustiana de abajo, sobre la selección española). Los del Premio Príncipe de Asturias han consumado la paletada al darle el premio al equipo español, cuyo mérito ha sido proclamarse campeón del mundo de baloncesto. ¿Por qué no se lo dieron a Serbia y Montenegro, por ejemplo, cuando se proclamó campeona en el anterior mundial? ¿O a Italia, por ganar el mundial de fútbol este año? Si no hay entereza moral para organizar un premio de alcance internacional, pues se elimina el premio y ya está (un buen dinero público que ahorraríamos, por cierto).

Por supuesto, Televisión Española estará retransmitiendo el acto de entrega con todo lujo de detalles (léase: decenas de funcionarios para hacer posible una conexión televisiva). No pagan los derechos de retransmisión del baloncesto (¿qué son 3,5 millones de euros dentro de la milmillonaria deuda del ente / Ente público?) y luego se suben al carro tarde y mal, como cuando el lunes por la noche retransmitieron en la Primera la celebración del título en Plaza de Castilla de Madrid: jugadores y entrenador diciendo tópicos sobre un escenario montado en la plaza. ¿Era necesaria esta chapuza? ¿Hasta cuándo, Caffarel, abusarás de nuestra paciencia?

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Lamiendo el culo a la monarquía, de nuevo

Como sabrán los lectores de este blog, el domingo la selección española se proclamó campeona del mundo de baloncesto (paliza mítica a Grecia, por cierto). Durante el campeonato, el secretario de Estado para el Deporte estuvo en Japón con el equipo nacional, y el último día llegó in extremis la ministra de Educación, Cultura y Deportes para poder cazar una foto con los chavales. Creo que con el secretario de Estado ya había suficiente representación política, y que no tenía sentido hacer volar a ZP expresamente para ver la final, (en cuanto a la ministra, ya dijo alguien el domingo que la mujer acababa de presenciar su primer partido de baloncesto). Y, políticos aparte (cuanto más lejos, mejor, en mi opinión) los que sí que no se dejaron caer por Japón (qué lejos queda Japón, que diría la canción) fueron los miembros de nuestra esforzadísima familia real, ésa tan “moderna” y “amante del deporte”. Parece que el Rey tenía una apretadísima agenda (¿por qué no ha dicho dónde pasó el fin de semana?) y de Urdangarín (ex deportista profesional) y compañía poco o nada se sabe. Mucho practicar vela y equitación (deportes poco elitistas, desde luego) pero luego a nadie le apetece comerse el viaje a Japón, ni siquiera en primera clase y con todo tipo de lujos.

Me trae sin cuidado la cuestión de si la familia real debió desplazarse a Japón para asistir al mayor éxito del deporte español en su historia. Lo que no soporto es que todos los periodistas, tanto de derechas como de izquierdas, laman el culo a los reyes cuando ayer martes recibieron a los jugadores de baloncesto en su Choza Real. La situación es la siguiente: la consecución del campeonato no es tan importante como para que alguien de la monarquía se desplace a Japón, pero cuando les hacen una recepción oficial dos días después del triunfo entonces sí que toca alabar la enorme gratitud y humanidad de nuestro rey. ¿Por qué hay tanto cagón suelto? ¿Nadie se atreve a denunciar lo obvio?

Por cierto, que si hoy les dan el Premio Príncipe de Asturias de los Deportes a la selección de baloncesto, el galardón perderá automáticamente el poco prestigio que le queda. ¿No se supone que es un premio de alcance internacional? ¿Qué mierda es ésa de improvisar galardonados así, de manera tan burda y pacata? Nadie se ha acordado del basket en este país durante años (recordemos: Televisión Española no se molestó en pagar los derechos de emisión) y ahora, de pronto, salen las condecoraciones por todas partes, como si la dignidad de la clase dirigente española consistiera en sacar un paquete de donettes en el patio de un colegio.

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