jueves, enero 03, 2008

La profecía se cumple (con un año de retraso, pero se cumple)

El año pasado predije que César Vidal sacaría un libro sobre el Evangelio de Judas. Mi fecha elegida era noviembre de 2006, justo para tener su basurilla bien calentita para Navidad. Cometí entonces un gran error: suponer que Vidal sería capaz de escribir algo de su propia cosecha. No caí en la cuenta de que hacen falta varios años para que unos historiadores serios comiencen a publicar los primeros estudios de verdadero calado, libros que serán luego “parafraseados” (por decir algo) por el amigo Vidal. En cualquier caso, la cosa no podía ir muy lejos: y es que los hechos siempre terminan dando la razón a gente inteligente como Arbusto. Hoy he estado echando un ojo a la sección de libros de un gran centro de comercial y, entre la típica bazofia mainstream, me he topado con tres libros de Vidal y uno de ellos titulado… “Jesús y Judas”, espectacular libro que responde a esta no menos espectacular sinopsis:

Jesús y Judas
César Vidal:
Toda la verdad sobre el evangelio más polémico.
César Vidal continúa su apasionante serie de libros sobre los inicios del cristianismo. Después de El documento Q y Jesús y los manuscritos del mar muerto, llega Jesús y Judas, historia de una traición, una obra dedicada por entero al documento más reciente y polémico sobre la vida de Cristo: el Evangelio de Judas.Lejos de convencionalismo, Vidal demuestra que la historia que nos han contado sobre el Evangelio de Judas no es cierta y que el significado que se le ha querido atribuir a ese documento dista mucho de la realidad.En suma, una lectura imprescindible para todos aquellos que quieran profundizar en la vida del fundador del cristianismo.

Si es que hay que hacer más caso a Arbusto, joder.

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martes, julio 10, 2007

César Vidal, el divulgador de la teletienda, nos enseña en su nuevo libro el método para llegar a ser tan cultos como él

Llevaba yo un tiempo pensando en escribir un post con algunas recomendaciones de libros para este verano y, hete aquí, no me había dado cuenta de que César Vidal acaba de publicar un nuevo libro (“nuevo libro”, se entiende, hasta que saque otro en cuestión de días o semanas) titulado, de manera muy modesta, El camino hacia la cultura: Lo que hay que leer, ver y escuchar (editorial Planeta). Se trata, como no podía ser de otro modo, de un compendio de refritos que supuestamente convertirán a los lectores en gente culta tan culta y refinada como él. Bueno, nadie puede ser como Él, pero al menos el pueblo llano se le acercará un poco.

Antes de seguir leyendo esta entrada, recomiendo encarecidamente escuchar la entrevista de Cristina López Schlichting al ínclito Vidal. Como el documento sonoro no tiene desperdicio alguno, me permitiré comentarlo a continuación:

Así, para empezar con toque personal al asunto, cuenta Vidal que ya desde sus tiempos de profesor universitario se había dado cuenta de la falta de preparación de los alumnos que llegaban a la universidad procedentes de la ESO. Eso de dárselas de catedrático universitario queda muy bien ante los paletos de la COPE pero, para ser fiel a la verdad, Vidal debería dejar bien claro que hace ya varios años que no imparte clase. De hecho, dudo que haya dado muchas clases más allá del poco tiempo que estuvo en la Universidad de Zaragoza (y estoy tirando de memoria, que igual ni trabajó allí) y en la UNED que, como sus siglas indican, es la Universidad Nacional de Educación a Distancia (así que las clases que dio allí podrían contarse con los dedos de la mano de una tortuga ninja). O quizá, cuando habla de sus “alumnos universitarios”, se esté refiriendo a los alumnos del Máster de Periodismo de El Mundo a los que les daba una clase por semana, normalmente leyendo textos sacados del Encarta. Unos alumnos, por cierto, a los que no les devolvió los exámenes porque, claro, cómo devolver algo que no te has molestado en corregir… O, aún mejor (o peor), igual está hablando de los alumnos de la prestigiosa universidad norteamericana que responde al nombre de Logos, de la cual dice ser catedrático en las solapas de sus libros. Pero, ¿qué cojones es Logos?

- Para empezar, Logos no es una universidad sino un “college”, rango inferior cuyos estudios equivaldrían más o menos a módulos superiores en España pero en ningún caso a carreras.

- En Logos parecen que son más honrados que Vidal porque al menos reconocen que “Logos does not hold Regional Accreditation, nor is Logos approved by the Federal Department of Education”.

- Según la versión española de Logos, “Logos es un instrumento de renovación educativa en las manos del Señor. El propósito de esta revolución educativa es llevar al Cuerpo de Cristo a las normas originales de la Iglesia Nuevo Testamentaria para que esta revele el Reino de Dios en cada uno de los segmentos de nuestra sociedad, de modo que la Gloria de Dios cubra toda la tierra. Logos es parte del modelo del futuro aprendizaje, en el campo de la enseñanza superior, para la preparación ministerial”. Sin comentarios.

Más allá de sus ínfulas del profesor universitario que no es ni nunca volverá a ser, resulta sorprendente la capacidad que tiene Vidal de regalar tantas joyas de la estupidez en una breve conversación. Aquí van cuatro citas de su charla con la Schlichting tomadas casi al azar:

- Mi plan de bachillerato era bueno, pero no fue el mejor. El mejor plan de bachillerato fue el del año cuarenta y tantos. (Vidal: nostálgico).

- Si uno sigue el plan de trabajo del que yo hablo en el libro, al cabo de un año tendrá más cultura que los que entran en la universidad y, al cabo de dos, más que la mayoría de los licenciados. (Vidal: entre la autoayuda y la teletienda).

- Nosotros empezamos con Mesopotamia y Egipto. (¿Mesopotamia? ¿Esa civilización cuyos tesoros fueron esquilmados por el ejército de tu admirado Bush tras la invasión de Irak?)

- [Hice el bachillerato] En una época en la que no se proscribía ningún autor. (Vamos a ver, vamos a ver porque esto ya es serio. Si Vidal nació en 1958, tuvo que hacer bachillerato entre finales de los 60 y principios de los 70. ¿De verdad no se prohibían autores en el tardofranquismo? ¿Se recitaban entonces los poemas de García Lorca, un rojo maricón, en las aulas franquistas?)

Mucho ojo con el frito de refrito de fritanga que es El camino hacia la cultura. Dice Vidal que la primera de las cuatro partes está dedicada a “la literatura indispensable que hay que conocer” (en realidad, esta sección ocupa casi todo el libro) y en ella incluye “microensayos” que no son otra cosa sino reciclaje de algunos de sus más de 100 libros de “rigurosa” divulgación previamente publicados. Como ejemplo de estos ensayos reciclados, menciona Vidal los textos dedicados a estas cinco supuestas obras literarias: el Corán, los Evangelios, la Suma Teológica, El origen de las especies de Darwin y el Manifiesto comunista. Y no digo que no sean textos fundamentales, que lo son, pero de literatura tienen poco o nada y ya podría el señor Vidal tener la decencia de escribir ensayos nuevos sobre algunas de las 10.000 novelas que, seguramente, habrá leído en los últimos años.

Lo más grave del asunto es que ni el propio Vidal es capaz de mantener la farsa más allá de unos pocos minutos. Una vez agotado su arsenal de eslóganes de esos que salen en la televisión a las tres de la madrugada (“El propio libro incluye una guía de trabajo de trabajo flexible”, etc.) Vidal deja asomar su muy peculiar concepto de “selección”, que no es otra cosa sino leer las contraportadas de los libros y algún que otro pasaje con el que darse un barniz de cultureta. Transcribo aquí las palabras de nuestro prohombre:

Cuando uno busca unos poetas, en el cuerpo de libro uno ya se da cuenta de que ya puede seleccionar. De Lorca ya se dice “mire, lea usted este fragmento y esto otro y, el resto, ni se moleste usted en leerlo”. De Joyce se dice “evidentemente el "Ulises" es una novela extraordinaria, pero no se preocupe porque la mayoría de la gente que habla bien de ella no ha leído más allá de la página 20… yo estoy convencido de que es así” […] Entonces, claro, hay una selección.

¿Selección, don César? ¿Así es como trabaja usted?

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jueves, enero 04, 2007

Premios 2006

En un comentario a mi entrada anterior, decía Sue que Ramón García no iba a presentar la Nochevieja en Televisión Española. Como es habitual en ella, falló. Como es habitual en mí, acerté. He de decir que el pronóstico tampoco era demasiado complicado, así que no voy a ir poniéndome mega-medallas en el pecho al estilo de ese mediocre aprendiz de mago que era Monty (¿sigue trabajando todavía, quizá en bares de carretera?). Sí que fallé al apostar por Movistar como primer anunciante del 2007, ya que fue ING Direct la primera empresa en anunciarse – al menos en Televisión Española, que es el canal que yo tenía puesto.

Mientras Ramón García siga apareciendo en la pantalla, considero que mi blog estará justificado. Algo parecido sucede cuando César Vidal publica uno de sus vergonzosos libelos: que hay una razón más para seguir luchando en internet. En cualquier caso, el dúo García-Vidal no es lo único deleznable de esta-España-mía-esta-España-nuestra. Sin ánimo de ser exhaustivo, más que nada porque me dejo muchos capullos fuera, propongo la siguiente lista de premiados en el 2006:

- Premio al mayor imbécil de la derecha: Agapito Maestre. Mediocre profesor de Filosofía que se tuvo que ir hace unos años de la Universidad de Almería porque la plaza que había ganado se había convocado de forma irregular. Desde entonces, Agapito se gana la vida en Libertad Digital contentando a la derecha con panfletos que mezcla la histeria de Losantos (“Lozanitos”, me pone el corrector del Word) con el conservadurismo de Vidal y Nacho Villa. Una mala copia y un intelectual raspadillo.

- Premio al mayor imbécil de la izquierda: Enric Sopena. Sin palabras.

- Premio a la menor catadura moral: Telecinco en general y cualquiera de sus “reporteros” de calle o presentadores-basura en particular. Ojo al tema Fedra Lorente, a.k.a. La Bombi: después de morirse de hambre (es un decir, porque está hecha una vaca) durante veinte años, La Bombi volvió al ruedo (aviso: conato de chiste a partir del juego de palabras vaca-ruedo) después de la muerte de Rocío Dúrcal. Como La Bombi era su cuñada, la muy zorra se ofreció para rajar en Telecinco a cambio de cuatro duros nada más morir la Dúrcal. En la teleserie Yo soy Bea (versión española de Betty la fea) ya le han dado a La Bombi un papelito a cambio de sus múltiples servicios en T5, y eso que aún queda mucho por rajar.

- Premio al demagogo de turno: cualquiera que se haya lamentado de que Pinochet muriera “sin haber sido juzgado por sus crímenes”. ¿Fue juzgado acaso Franco, demócratas de campeonato? Pues a callar. Por cierto, que bien guapo que vino Pinochet al entierro de Franco, en 1975, lleno de condecoraciones militares y con las manos manchadas de sangre fresca.

Se me ocurren más premios para gente indeseable: uno de tipo colectivo para los miles de funcionarios de RTVE que, después de no haber dado un palo en su vida, se prejubilan con 52 años cobrando el 90% de sus sueldazos; otro para Andrés Montes, mediocre comentarista que se forra haciendo el imbécil con Julio Salinas en los partidos de La Sexta; quizá uno a Google por haber pagado un pastón por YouTube, cuando todo el mundo sabe que ese portal es deficitario. Y muchos más… Aunque la palma se la llevan los hijos de Alá que me robaron, el viernes pasado, mi teléfono móvil y mi reproductor MP3: un empujón por aquí, otro por allá, y mientras te despistan con una avalancha bien preparada hay un cabrón que te echa la mano en la mochila. Hacedme un favor, ilustres lectores: si veis a un marroquí que lleva un mp3 e-Zippy mientras tararea una canción de Pulp o de Los Planetas, restregarle un bocadillo de jamón por su cuerpo de mi parte.

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domingo, noviembre 19, 2006

Ellos tienen la culpa

Extraigo seis preguntas (con sus correspondientes respuestas) del chat que mantuvo César Vidal en Libertad Digital el pasado martes. Ojito con lo mal que está la gente a estas alturas, y creo que la paranoia sigue creciendo...

- Carlos Dávila e Isabel Durán acaban de publicar un libro en el que tratan la masonería del abuelo de ZP. ¿Tiene algún dato de la pertenencia de Zapatero a alguna logia masónica? ¿Explicaría eso su alineamiento con Chirac en la Guerra de Irak?


1. No, pero Ricardo de la Cierva lo ha afirmado. 2. Podría, pero no necesariamente.

- Dado los acontecimientos ocurridos ya antes del 11 de Marzo y esta forma de "gobernar", ¿considera necesario un libro sobre la masonería actual en España, con nombres y apellidos?

A pesar de que dediqué algunas pinceladas al tema en Los masones soy muy escéptico sobre esa posibilidad a día de hoy. Por ejemplo, los masones están ligados por un juramento de iniciación para no revelar los nombres de otros hermanos, ¿usted cree que si yo les preguntara si, por ejemplo, Garzón es masón me lo dirían?

- Considerando que una buena proporción de los actuales gobernantes son masones, ¿cree que la masonería ha jugado un papel en el 11 M?

En primer lugar, no tengo constancia de que una buena proporción de los gobernantes actuales sean masones; en segundo, no creo que eso fuera tampoco necesario para que la masonería tuviera peso y, en tercer lugar, yo sobre el 11-M, como sobre cualquier cuestión, no me guío por pálpitos sino por documentos.

- Hace unas semanas La 2 dio un publirreportaje de la masonería. ¿Lo vio? Ahora quieren lavar su imagen y recibir compensaciones.

Eso quería también Mario Conde y no lo consiguió, pero sí, están muy pesados con la idea de lavar la imagen de la masonería.

- ¿Le da la impresión de que en España ZP es una marioneta de la francmasonería, o es cosa mía?

Sinceramente no creo que nadie tenga información sobre el tema más allá de la masonería. Dicho eso, el perfil ideológico de ZP –cursi, hueco, poco respetuoso del orden legal, amigo del enjuague...– se corresponde mucho con la trayectoria de la masonería en la Historia de España.

- ¿Podría justificar su desconfianza por los masones? ¿Son revolucionarios de tapadillo? ¿Qué orden social persiguen instaurar los masones?

Casi, casi le remito a mi libro Los masones.

Mis muy queridos amigos, una vez más hemos llegado hasta el final de este chat que sin ustedes hubiera resultado imposible. Una vez más les agradezco su agudeza, su inteligencia y su sentido común. Les espero la semana que viene, Dios mediante, el mismo día y a la misma hora. Un fuerte abrazo y que Dios les bendiga.

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sábado, octubre 14, 2006

César Vidal, reseñista oficial del reino

Indigencia moral a tope. Nuestro amigo César Vidal nos regala una muy "objetiva" reseña al último libro de Jiménez Losantos. No es que Vidal sea compañero de Losantos en la radio, como ya se sabe. Es que si miramos las fotos de la portada, y empezamos por la derecha del todo, pues nos encontramos... con el mismísimo César Vidal. El concepto de "separación de intereses" no es algo muy conocido en España, por lo que veo. En cuanto a la reseña en sí, poco que decir: "Me permito modestamente recomendar la lectura de la obra por tres razones. La primera es que, de entrada, el libro está magníficamente escrito..."

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lunes, febrero 13, 2006

Desmontando a César Vidal (primera parte)


César Vidal (anteriormente conocido como César Vidal Manzanares) pasa por ser uno de los grandes historiadores de esta nuestra España, faceta que combina (¿o debería decir promociona desde?) con su cargo de exitoso conductor del programa nocturno La Linterna de la cadena COPE. No he de ocultar que en sus intervenciones en las tertulias de María Teresa Campos me sentía inmensamente atraído por su amplísima (en apariencia) cultura y por su capacidad para mantener la elegancia oratoria ante burdos periodistillas progres que no pasaban de gritar consignas vacías de contenido. Ante rivales como los que representaban a la izquierda oficial / oficialista en la mencionada tertulia matinal, Vidal ganaba por goleada. Sin embargo, no sale tan bien parado cuando expertos en la materia analizan algunos de esos libros que fabrica año tras año con la misma facilidad con la que mi abuela hacía chorizo en la matanza del cerdo.

¡Ay, amigo Vidal, pero qué cerca estás del plagio en tus libros!


Uno de sus libros publicados en 2004 fue
Checas de Madrid (Barcelona: Belacqua/Carroggio), supuestamente un ejemplo más de la pasión por desvelar la verdad de este historiador-filósofo-teólogo-periodista. No será un simple arbusto el que critique a Vidal, pues mis conocimientos de Historia de España son bastante más limitados que los suyos (vamos, eso creo, porque igual el hombre se empeña en convencernos de que no es así). Por lo tanto, acudo a la reseña publicada en una de las mejores revistas de España, Revista de libros. En el número 87 (marzo 2004), el profesor Eduardo González Calleja escribe una extensa reseña titulada "De campos, cárceles y checas. Maneras de ver la represión durante la Guerra Civil y la posguerra", en la que analiza dos nuevos libros dedicados al tema. Tras elogiar la rigurosidad de los artículos incluidos en el libro de Carme Molinero, Margarita Sala y Jaume Sobrequés (Eds.) Una inmensa prisión. Los campos de concentración y las prisiones durante la Guerra Civil y el franquismo (Barcelona: Crítica) en su primera parte de su reseña, González Calleja dedica estas elocuentes palabras a Vidal:


Lamentablemente, no puede decirse lo mismo de la obra de Vidal, cuya falta de originalidad arranca desde su mismo título, tomado de una novela del periodista de ABC Tomás Borrás -el inventor del «complot comunista» de la primavera de 1936 (5)- que ni siquiera aparece aludida en la bibliografía final. Estamos ante un ejemplo señero del «método» de confección de libros que ha dado notoriedad a este escritor: una porción de páginas de relleno que envuelve la inanidad total a la hora de tratar el tema que es presunto objeto de análisis (sólo se dedican 26 páginas a la actividad «chequista» en Madrid de un total de 364); un aparato «crítico» repleto de notas improcedentes o de relleno, con siglas que quizá pertenezcan a fuentes ignotas, con una bibliografía contextual que se exhibe pero que no se emplea, trufada de títulos deliberadamente poco accesibles al lector español, que se citan de forma incompleta o que no aparecen en la relación final. El repertorio bibliográfico, con obras repetidas o redundantes, asignaciones falsas, inserciones inexplicables y olvidos clamorosos (6), es un caos absoluto que hubiera hecho las delicias de Southworth.Los apéndices documentales son otro ejemplo contundente de esta falta de seriedad y de criterio: el número I (relación de checas de Madrid) aparece repetido literalmente en el texto y sin alusión alguna a las fuentes empleadas para su confección; el número II es una «antología documental» tan peregrina que repite sistemáticamente párrafos ya introducidos en el cuerpo de texto; el número III es una mera transcripción del martirologio depositado en el santuario de la Gran Promesa de Valladolid; y el número IV (relación de asesinados) es un listado pretendidamente alfabético, que revela su absoluta inutilidad al estar plagado de errores (véase a título ilustrativo las entradas 578, 719, 2186 o 3664), no señalar el lugar y la fecha de las ejecuciones, y no citar las fuentes para su elaboración, como tuvo el decoro de hacer Rafael Casas de la Vega en su catálogo de víctimas, que Vidal vampiriza descaradamente (7).[incluyo las notas a pie de página](5) Tomás Borrás, Checas de Madrid. Epopeya de los caídos, Madrid, Editora Nacional, 1944, pág. 5. Sobre su papel en la justificación del Alzamiento, véase Herbert R. Southworth, «Conspiración contra la República. Los "Documentos secretos comunistas" de 1936 fueron elaborados por Tomás Borrás», Historia 16, n.° 26, junio de 1978, págs. 41-57. Vidal también parece abonarse a la tesis de la conspiración comunista en las págs. 160-161.(6) Entre otros, las pocas obras específicas sobre las checas madrileñas, como Alberto Flaquer, Checas de Madrid y Barcelona, Barcelona, Rodegar, 1963, y Rodolfo Vistabuena, Las checas, Madrid, Publicaciones Españolas, 1953. Otra novela sobre la cuestión, aparte de la de Borrás, que no se cita, es la muy conocida de Agustín de Foxá, Madrid, de corte a checa, Salamanca, Jerarquía, 1938 (1.ª ed).(7) Rafael Casas de la Vega, El terror. Madrid, 1936. Investigación histórica y catálogo de víctimas identificadas, Madridejos, Fénix, 1994, págs. 311-460, donde se señalan la fecha, el lugar de la muerte y las profesiones de los asesinados, según los datos que asegura haber tomado del Archivo Histórico Nacional, el Servicio Histórico Militar y el santuario de la Gran Promesa de Valladolid. Existe una gran discrepancia en el número de asesinados en Madrid durante la guerra: Vidal da 11.705 nombres, Salas Larrazábal habla de 16.449 y Casas de la Vega ofrece un listado completo, y más fiable, de 8.500.


No pienso recrearme en la indigencia moral de Vidal así que, quien quiera saber más, que lea la reseña entera.

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Desmontando a César Vidal (segunda parte)

Tranquilo, desocupado lector, que César Vidal da para mucho más. Si la Historia de España es pan comido para él, es evidente que un suceso como el holocausto nazi no podía dejar de tener el “honor” de llamar la atención de nuestro amigo. Como no me gusta salpicarme de estiércol, transcribo unos fragmentos de El holocausto a debate. Respuesta a César Vidal, publicado en internet por Enrique Aynat (¿será Enrique Anaut metido a historiador? No lo creo).El libro puede descargarse en PDF en este link. En las páginas 5 y 6 de su libro, Aynat resume en primer lugar las modestas intenciones de Vidal (cita un fragmento de la introducción que hace Vidal), para desnudar después la precariedad de los argumentos de nuestro historiador favorito.

Cito a continuación lo que dice Aynat (lo que entrecomilla Aynat son palabras de Vidal):

Vidal expresa con claridad la finalidad de su obra:“¿Necesita el Holocausto ser sometido a una revisión? El autor de estas líneas piensa que, efectivamente, así es. Incluso iría más allá, hasta el punto afirmar que, ciertamente, realizar una revisión del Holocausto constituye una de las tareas más necesarias en el momento histórico actual, siempre que la misma arranque del análisis directo de fuentes históricas contrastadas e irrefutables. Esa es la finalidad del presente estudio. No se trata de una obra acerca del Holocausto como tal. Más bien constituye un análisis de la labor realizada en relación con el mismo por parte de los autores revisionistas.” [esto es una cita de lo que Vidal dice en su libro]Sin embargo, ninguno de estos objetivos va a ser alcanzado. La obra resulta ser un fiasco absoluto. Vidal, como se verá más adelante, ni realiza una revisión del Holocausto, ni ha tenido acceso a las “fuentes históricas contrastadas e irrefutables”, ni su análisis sobre los historiadores revisionistas puede tomarse en consideración.Un poco más adelante, Aynat (pág 20) comenta los libros que Vidal incluye en su bibliografía, demostrando que no tiene ni idea sobre el tema:En resumidas cuentas, el material empleado por Vidal para “analizar el fenómeno de la literatura revisionista” se limita a tres libros – dos de ellos, escritos hace más de treinta años – y a cinco folletos. Además, algunos de los autores citados por Vidal son completamente desconocidos en los círculos revisionistas internacionales. Ni S. Borrego ni S.E. Castan son citados siquiera una vez en el extenso índice de autores de la principal revista revisionista, “The Journal of Historical Review”, que recoge 739 artículos de fondo y recensiones de obras publicadas a lo largo de 13 años. Por otro lado, Vidal no menciona ni una sola obra – libro o artículo – de autores revisionistas de la talla de Robert Faurisson, de Carlo Mattogno, de Wilhelm Stäglich o de Mark Weber. Tampoco menciona el trabajo principal de A.R. Butz, “The Hoax of the Twentieh Century”, que sin duda es el más notable que se ha escrito desde el punto de vista revisionista.

Tampoco es plan de ponerme muy pesado, porque ya he puesto antes el link al libro completo de Aynat. Una última broma de Vidal que bordea lo macabro: según una nota a pie de página, un documento es “Hull a Bern, 23 de septiembre de 1942”, es decir, que Vidal cita un fragmento de una carta que un tal Hull escribió a un tal Bern. Aynat (pág 27) demuestra cómo Vidal se dedica a tirarse faroles una vez sí y otra también, ya que ni siquiera ha tenido en sus manos la dichosa carta que dice conocer. Si al menos la hubiera tenido en sus manos, Vidal se habría dado cuenta de que no es una misiva sino un documento que Hull enviaba a la representación diplomática de Estados Unidos en Berna (capital de Suiza). Al tratarse de un texto escrito en inglés, en el encabezamiento aparece “Bern”, lo que deja en evidencia ese “análisis directo de fuentes históricas contrastadas e irrefutables” del que presume Vidal en su introducción. Como indica Aynat, la personificación de Bern no es una simple errata porque Bern aparece luego en el índice analítico de final del libro.

Conclusión arbustiana: ya van dos autores que critican a Vidal por su poca seriedad. Así no parece extraño que publique varios libros al año...

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Desmontando a César Vidal (tercera parte)

Lamento sinceramente el haberme referido a César Vidal como “historiador-filósofo-teólogo-periodista” en la primera entrega de esta trilogía, y lo lamento porqué olvidé añadir otra de sus arrolladoras facetas: la de crítico literario.Vidal tiene entre sus decenas de libros uno titulado Enciclopedia del Quijote (Barcelona: Planeta1999), definido así en la página web de la editorial: "En sus páginas se agrupan los arcaísmos, las referencias a personajes y períodos cronológicos poco o mal conocidos, los guiños cuya amplitud se ignora. Esta obra pretende ayudar al lector del Quijote, sea antiguo amigo de la novela o recién llegado al exquisito relato, a salvar las dificultades derivadas de su texto."

En realidad, el 80 por ciento del libro se resume en un listado de refranes y expresiones de la época (no hace falta ser un genio para saber que Vidal ha utilizado diccionarios previos) y en una clasificación alfabética de personajes reales e imaginarios que son de relevancia por su relación con Don Quijote. Aquí juega Vidal a comparatista literario con chorradas como decir que la novela de Cervantes ejerció influencia sobre James Joyce y, más concretamente, sobre Finnegans Wake (¿?) Cualquiera que conozca mínimamente esta obra (casi ininteligible, en mi opinión) sabe que no hay modo alguno por donde coger esta relación. Aunque Vidal no lo sepa, hay profesores que dedican horas de su tiempo a investigar manuscritos del autor irlandés en lugar de leer la contraportada de sus obras, como haría él, y entre estudiosos cito por ejemplo a Francisco García Tortosa. Este catedrático de Filología Inglesa ha cotejado el catálogo de la biblioteca que Joyce tenía en su casa de París, y Don Quijote no aparece por ningún lado. Pudiera ser que Joyce leyera la obra gracias a una edición prestada, pero parece que no es el caso según se afirma en numerosos artículos que Vidal podría ir leyendo, si es que no está muy ocupado en su próximo libro. Le recomiendo, para empezar, Joyce y España, editado Carlos García Santa Cecilia (Madrid, Círculo de Bellas Artes, 2004) y, si no quiere gastar su preciado tiempo, le insto a dirigirse directamente al artículo "España en Joyce" del propio García Tortosa, en el que éste analiza las menciones que Joyce hace a Don Quijote en su célebre novela Ulises, junto a las que hace de Teresa de Ávila, Velázquez, Felipe II, O’Donnell, Alfonso XIII ... vamos, que si por alusiones se trata en un libro de 800 páginas ya puede Vidal prepararnos nuevos libros sobre la influencia de los monarcas españoles en la obra de Joyce.

Volviendo a Finnegans Wake, lo más curioso es que Vidal justifica la relación con el Quijote porque el tema de la ensoñación quijotesca se supone que fue una influencia para esta obra de Joyce, repleta de un una confusión de lenguas en cruce onírico. A partir de esta afirmación, si Vidal presume de comparatista yo reclamo, en igualdad de derechos, mi cátedra de arbustología comparada: desde hoy mismo propongo la radical influencia de los Sueños de Francisco de Quevedo sobre Finnegans Wake y, para ponerme más chulo, de La vida es sueño de Calderón de la Barca. Y a ver quién me contradice.

Lo dicho: los textos de Vidal hablan por sí solos. Menos comer morcillas y más trabajar.

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viernes, febrero 11, 2005

desmontando a César Vidal (y I)



Bueno, bueno, el arbusto termina la semana con ganas de ofrecer unos textos calentitos de verdad. Ya sabes, excelso visitante, que César Vidal pasa por ser uno de los grandes historiadores de la actualidad, además de exitoso conductor del programa nocturno La Linterna de la cadena COPE. No he de ocultar que en sus intervenciones en las tertulias de María Teresa Campos me sentía inmensamente atraído por su amplísima cultura y su capacidad para mantener la elegancia oratoria ante burdos periodistillas progres que no pasaban de gritar consignas vacías de contenido. Ante rivales como los que representaban a la izquierda oficial / oficialista en la mencionada tertulia matinal, Vidal ganaba por goleada. Sin embargo, no sale tan bien parado cuando expertos en la materia analizan algunos de esos libros que fabrica año tras año con la misma facilidad que se hacen chorizos tras la matanza del cerdo.

¡Ay, amigo Vidal, qué cerca estás del plagio en tus libros!

Uno de sus libros publicados en 2004 fue Checas de Madrid (Belacqua/Carroggio, Barcelona
365 págs), supuestamente un ejemplo más de la pasión por desvelar la verdad de este historiador-filósofo-teólogo-periodista. No será un simple arbusto el que critique a Vidal, pues mis conocimientos de Historia de España son bastante más limitados que los suyos (vamos, eso creo, porque igual el hombre se empeña en convencernos de que no es así). Por lo tanto, acudo a la reseña publicada en una de las mejores revistas de España, Revista de libros. En el número 87 (marzo 2004), el profesor Eduardo González Calleja escribe una extensa reseña titulada "De campos, cárceles y checas. Maneras de ver la represión durante la Guerra Civil y la posguerra", en la que analiza dos nuevos libros dedicados al tema. Tras elogiar la rigurosidad de los artículos incluidos en el libro de Carme Molinero, Margarita Sala y Jaume Sobrequés (Eds.) Una inmensa prisión. Los campos de concentración y las prisiones durante la Guerra Civil y el franquismo (Barcelona: Crítica) en su primera parte de su reseña, González Calleja dedica estas elocuentes palabras a Vidal:


Lamentablemente, no puede decirse lo mismo de la obra de Vidal, cuya falta de originalidad arranca desde su mismo título, tomado de una novela del periodista de ABC Tomás Borrás -el inventor del «complot comunista» de la primavera de 1936 (5)- que ni siquiera aparece aludida en la bibliografía final. Estamos ante un ejemplo señero del «método» de confección de libros que ha dado notoriedad a este escritor: una porción de páginas de relleno que envuelve la inanidad total a la hora de tratar el tema que es presunto objeto de análisis (sólo se dedican 26 páginas a la actividad «chequista» en Madrid de un total de 364); un aparato «crítico» repleto de notas improcedentes o de relleno, con siglas que quizá pertenezcan a fuentes ignotas, con una bibliografía contextual que se exhibe pero que no se emplea, trufada de títulos deliberadamente poco accesibles al lector español, que se citan de forma incompleta o que no aparecen en la relación final. El repertorio bibliográfico, con obras repetidas o redundantes, asignaciones falsas, inserciones inexplicables y olvidos clamorosos (6), es un caos absoluto que hubiera hecho las delicias de Southworth.

Los apéndices documentales son otro ejemplo contundente de esta falta de seriedad y de criterio: el número I (relación de checas de Madrid) aparece repetido literalmente en el texto y sin alusión alguna a las fuentes empleadas para su confección; el número II es una «antología documental» tan peregrina que repite sistemáticamente párrafos ya introducidos en el cuerpo de texto; el número III es una mera transcripción del martirologio depositado en el santuario de la Gran Promesa de Valladolid; y el número IV (relación de asesinados) es un listado pretendidamente alfabético, que revela su absoluta inutilidad al estar plagado de errores (véase a título ilustrativo las entradas 578, 719, 2186 o 3664), no señalar el lugar y la fecha de las ejecuciones, y no citar las fuentes para su elaboración, como tuvo el decoro de hacer Rafael Casas de la Vega en su catálogo de víctimas, que Vidal vampiriza descaradamente (7).

[incluyo las notas a pie de página]

(5) Tomás Borrás, Checas de Madrid. Epopeya de los caídos, Madrid, Editora Nacional, 1944, pág. 5. Sobre su papel en la justificación del Alzamiento, véase Herbert R. Southworth, «Conspiración contra la República. Los "Documentos secretos comunistas" de 1936 fueron elaborados por Tomás Borrás», Historia 16, n.° 26, junio de 1978, págs. 41-57. Vidal también parece abonarse a la tesis de la conspiración comunista en las págs. 160-161.

(6) Entre otros, las pocas obras específicas sobre las checas madrileñas, como Alberto Flaquer, Checas de Madrid y Barcelona, Barcelona, Rodegar, 1963, y Rodolfo Vistabuena, Las checas, Madrid, Publicaciones Españolas, 1953. Otra novela sobre la cuestión, aparte de la de Borrás, que no se cita, es la muy conocida de Agustín de Foxá, Madrid, de corte a checa, Salamanca, Jerarquía, 1938 (1.ª ed).

(7) Rafael Casas de la Vega, El terror. Madrid, 1936. Investigación histórica y catálogo de víctimas identificadas, Madridejos, Fénix, 1994, págs. 311-460, donde se señalan la fecha, el lugar de la muerte y las profesiones de los asesinados, según los datos que asegura haber tomado del Archivo Histórico Nacional, el Servicio Histórico Militar y el santuario de la Gran Promesa de Valladolid. Existe una gran discrepancia en el número de asesinados en Madrid durante la guerra: Vidal da 11.705 nombres, Salas Larrazábal habla de 16.449 y Casas de la Vega ofrece un listado completo, y más fiable, de 8.500.



No pienso recrearme en la indigencia moral de Vidal así que, si quieres leer la reseña entera, acude al siguiente enlace:
http://www.revistadelibros.com/Editions/Detail.asp?IdNews=2783

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desmontando a César Vidal (y II)

Tranquilo, compañero, que César Vidal da para mucho más. Si la Historia de España es pan comido para él, es evidente que un suceso como el holocausto nazi no podía dejar de tener el “honor” de llamar la atención de nuestro amigo. Como no me gusta salpicarme de estiércol, transcribo unos fragmentos de El holocausto a debate. Respuesta a César Vidal, publicado en internet por Enrique Aynat (¿será Enrique Anaut metido a historiador? No lo creo).

El libro está en PDF en
http://aaargh-international.org/fran/livres2/EAresp.pdf

En las páginas 5 y 6 de su libro, Aynat resume en primer lugar las modestas intenciones de Vidal (cita un fragmento de la introducción que hace Vidal), para desnudar después la precariedad de los argumentos de nuestro historiador favorito. Cito a Aynat:

Vidal expresa con claridad la finalidad de su obra:

“¿Necesita el Holocausto ser sometido a una revisión? El autor de estas líneas piensa que, efectivamente, así es. Incluso iría más allá, hasta el punto afirmar que, ciertamente, realizar una revisión del Holocausto constituye una de las tareas más necesarias en el momento histórico actual, siempre que la misma arranque del análisis directo de fuentes históricas contrastadas e irrefutables. Esa es la finalidad del presente estudio. No se trata de una obra acerca del Holocausto como tal. Más bien constituye un análisis de la labor realizada en relación con el mismo por parte de los autores revisionistas.” [esto es una cita de lo que Vidal dice en su libro]

Sin embargo, ninguno de estos objetivos va a ser alcanzado. La obra resulta ser un fiasco absoluto. Vidal, como se verá más adelante, ni realiza una revisión del Holocausto, ni ha tenido acceso a las “fuentes históricas contrastadas e irrefutables”, ni su análisis sobre los historiadores revisionistas puede tomarse en consideración.



Un poco más adelante, Aynat (pág 20) comenta los libros que Vidal incluye en su bibliografía, demostrando que no tiene ni idea sobre el tema:

En resumidas cuentas, el material empleado por Vidal para “analizar el fenómeno de la literatura revisionista” se limita a tres libros – dos de ellos, escritos hace más de treinta años – y a cinco folletos. Además, algunos de los autores citados por Vidal son completamente desconocidos en los círculos revisionistas internacionales. Ni S. Borrego ni S.E. Castan son citados siquiera una vez en el extenso índice de autores de la principal revista revisionista, “The Journal of Historical Review”, que recoge 739 artículos de fondo y recensiones de obras publicadas a lo largo de 13 años. Por otro lado, Vidal no menciona ni una sola obra – libro o artículo – de autores revisionistas de la talla de Robert Faurisson, de Carlo Mattogno, de Wilhelm Stäglich o de Mark Weber. Tampoco menciona el trabajo principal de A.R. Butz, “The Hoax of the Twentieh Century”, que sin duda es el más notable que se ha escrito desde el punto de vista revisionista.


Tampoco es plan de ponerme muy pesado, porque ya he puesto antes el link al libro completo de Aynat. Una última broma de Vidal que bordea lo macabro: según una nota a pie de página, un documento es “Hull a Bern, 23 de septiembre de 1942”, es decir, que Vidal cita un fragmento de una carta que un tal Hull escribió a un tal Bern. Aynat (pág 27) demuestra cómo Vidal se dedica a tirarse faroles una vez sí y otra también, ya que ni siquiera ha tenido en sus manos la dichosa carta que dice conocer. Si al menos la hubiera tenido en sus manos, Vidal se habría dado cuenta de que no es una misiva sino un documento que Hull enviaba a la representación diplomática de Estados Unidos en Berna (capital de Suiza). Al tratarse de un texto escrito en inglés, en el encabezamiento aparece “Bern”, lo que deja en evidencia ese “análisis directo de fuentes históricas contrastadas e irrefutables” del que presume Vidal en su introducción. Como indica Aynat, la personificación de Bern no es una simple errata porque Bern aparece luego en el índice analítico de final del libro.

Conclusión: ya van dos autores que critican a Vidal por su poca seriedad. No parece extraño que publique varios libros al año, ¿no?

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desmontando a César Vidal (y III)

Lamento sinceramente el haberme referido a César Vidal como “historiador-filósofo-teólogo-periodista” en la primera entrega de esta trilogía, y lo lamento porqué olvidé añadir otra de sus arrolladoras facetas: la de crítico literario.

Vidal tiene entre sus decenas de libros uno titulado Enciclopedia del Quijote (Barcelona: Planeta1999), definido así en la página web de la editorial: "En sus páginas se agrupan los arcaísmos, las referencias a personajes y períodos cronológicos poco o mal conocidos, los guiños cuya amplitud se ignora. Esta obra pretende ayudar al lector del Quijote, sea antiguo amigo de la novela o recién llegado al exquisito relato, a salvar las dificultades derivadas de su texto."

En realidad, el 80 por ciento del libro se resume en un listado de refranes y expresiones de la época (no hace falta ser un genio para saber que Vidal ha utilizado diccionarios previos) y en una clasificación alfabética de personajes reales e imaginarios que son de relevancia por su relación con Don Quijote. Aquí juega Vidal a comparatista literario con chorradas como decir que la novela de Cervantes ejerció influencia sobre James Joyce y, más concretamente, sobre Finnegans Wake (¿?) Cualquiera que conozca mínimamente esta obra (casi ininteligible, en mi opinión) sabe que no hay modo alguno por donde coger esta relación. Aunque Vidal no lo sepa, hay profesores que dedican horas de su tiempo a investigar manuscritos del autor irlandés en lugar de leer la contraportada de sus obras, como haría él, y entre estudiosos cito por ejemplo a Francisco García Tortosa. Este catedrático de Filología Inglesa ha cotejado el catálogo de la biblioteca que Joyce tenía en su casa de París, y Don Quijote no aparece por ningún lado. Pudiera ser que Joyce leyera la obra gracias a una edición prestada, pero parece que no es el caso según se afirma en numerosos artículos que Vidal podría ir leyendo, si es que no está muy ocupado en su próximo libro. Le recomiendo, para empezar, Joyce y España, editado Carlos García Santa Cecilia (Madrid, Círculo de Bellas Artes, 2004) y, si no quiere gastar su preciado tiempo, le insto a dirigirse directamente al artículo "España en Joyce" del propio García Tortosa, en el que éste analiza las menciones que Joyce hace a Don Quijote en su célebre novela Ulises, junto a las que hace de Teresa de Ávila, Velázquez, Felipe II, O’Donnell, Alfonso XIII ... vamos, que si por alusiones se trata en un libro de 800 páginas ya puede Vidal prepararnos nuevos libros sobre la influencia de los monarcas españoles en la obra de Joyce.

Volviendo a Finnegans Wake, lo más curioso es que Vidal justifica la relación con Don Quijote porque el tema de la ensoñación quijotesca se supone que fue una influencia para esta obra de Joyce, repleta de un una confusión de lenguas en cruce onírico. A partir de esta afirmación, si Vidal presume de comparatista yo reclamo, en igualdad de derechos, mi cátedra de arbustología comparada: desde hoy mismo propongo la radical influencia de los Sueños de Francisco de Quevedo sobre Finnegans Wake y, para ponerme más chulo, de La vida es sueño de Calderón. Y a ver quién me contradice.

Lo dicho: los textos de Vidal hablan por sí solos.

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