Top 5 de momentos draconianos (Sánchez Dragó al poder)

Y es que Fernando Sánchez Dragó es un tipo peculiar, de eso no hay duda. También es un tipo bastante odiable, de eso tampoco hay duda. En lugar de publicar un Top 5 de idiotas nacionales, algo para lo que casi necesitaría un Top 50 por lo menos, me he decidido a escribir algo así como Top 5 de mejores momentos draconianos. Creo que el personaje ha hecho méritos más que suficientes para acaparar todo un post arbustiano (que quede claro que a mí el tipo me divierte, lo cual no es malo visto cómo estamos a estas alturas). Vayamos del 5 al 1 sin más prolegómenos:
5. Dragó, anfitrión de Arrabal. Muy pocos son los que no han visto ya el pollo que montó Arrabal, hace ya bastantes años, en la enésima tertulia literaria (¿o es siempre la misma?) dirigida por Dragó. Ahora que el amigo Quic trabaja en televisión, ya le he dicho varias veces que debería contratarme para algún debate en el que yo pueda aportar dos cosas que me distinguen de la plebe: altísimo nivel intelectual y altísimo nivel del alcohol en la sangre.
4. Dragó, autobiográfico. Mucho cuidadito con la biografía que incluye el señor en las solapas de sus libros: “Fernando Sánchez Dragó es hijo natural de Madrid (1936, Libra) y adoptivo de Soria (1992). A los cinco años fundó, dirigió y redactó un periódico autógrafo: La Nueva España. Estudió Filosofía y Letras en la Complutense (secciones de Románicas y de Italiano) e intervino asidua y vehementemente en las algaradas antifranquistas de finales de los cincuenta y comienzos de los sesenta, lo que le valió cinco procesos, diciesiete meses de cárcel y siete años de exilio.
(por cierto, que ahora se define como “un anarquista de derechas”. Sin comentarios).
3. Dragó, ermitaño. Desde hace años, Dragó vive en un pueblo de Soria de 25 habitantes en el que, según él, no tiene acceso a tecnología ninguna y vive únicamente de los alimentos de la tierra (bueno, se compró un Jaguar, pero eso fue un único capricho según él). El rollo ermitaño ya no cuela porque el señor trabaja ahora como presentador del telediario nocturno de Telemadrid (no está mal para ser un anarcoindividualista) y a nadie escapa que pasa toda la semana en la capital de España. De hecho, el otro día confesó Dragó en su blog (sí, ése que actualiza supuestamente desde un pueblo de Soria sin conexión a internet) que se ha vuelto a empadronar en Madrid. Los motivos de esta vuelta al padrón madrileño están bien explicados en su entrada, así que no voy a extenderme más sobre el asunto.
2. Dragó, exiliado en excedencia. Después de haber vivido fuera de España en los tiempos del franquismo, dice Dragó que está dispuesto a exiliarse de nuevo, cual Ovidio expulsado a los confines del Danubio, si Zapatero sigue en el poder: “O Zapatero se va del gobierno, o yo del país”. ¿Y no se pueden ir los dos, digo yo?
1. Dragó, con el pueblo. Este campeón presume mucho de ermitaño pero en realidad le encanta mezclarse con la gente, concretamente con la peña que acude a una discoteca en la calle Martín de los Heros de Madrid. Una noche, apostado en la puerta de la discoteca con su novia japonesa (¿o está casado? no lo sé), un joven repartidor de pizza pasó arrastrando una mierda de moto que se había quedado sin gasolina. El chaval, ataviado con un ridículo impermeable rojo y una mísera gorra del mismo color, se dijo a sí mismo las mágicas palabras de “¿y por qué no?”, tras lo que procedió a saludar con sorna al eximio profesor, escritor y filósofo. Al pobre de Dragó no debió de gustarle mucho estrechar una mano que apestaba a grasa de ciclomotor, así que al clásico cumplido “veo su programa todos los domingos por la noche” apenas contestó con una leve mueca de desprecio. El pizzero se fue de allí aguantándose la risa, mientras Dragó seguía sin entender aquella surrealista aparición (la japonesa se enteró de menos aún). Ahora Dragó es un exitoso presentador al servicio de Telemadrid y aquel estúpido pizzero no ha pasado de fundar un blog llamado Arbusto el guerrero.
Etiquetas: Fernando Sánchez Dragó, Pepe Blanco