Lo voy a decir muy clarito porque la cosa tampoco necesita de mayores rodeos: la monarquía española está muerta. Bueno, quizá no esté muerta, y sea mejor recurrir a alguna metáfora médica del estilo “está en estado muy grave”, “está en coma vegetativo” y chorradas similares. La cuestión es que no hay que ser ningún genio para constatar dos hechos más que evidentes:
1) El 80 o el 90% de la población pasa bastante del rollo monárquico, en el mejor de lo casos, y desprecia/odia/aborrece a este grupito de vividores del erario público, en el peor de ellos.
2) Acontecimientos recientes han vuelto a dejar de manifiesto lo absurdo de vivir en una democracia y a la vez emprender medidas judiciales por el delito de “ofensa a la corona”. Esta absurda parafernalia comienza a repetirse con demasiada frecuencia. Empieza cuando alguien dibuja una caricatura, o quema una fotografía del monarca; después aparece el fiscal de turno pidiendo uno o dos años de cárcel para el autor del presunto delito”; a continuación, la prensa airea el tema para provocar la enésima discusión pública sobre nuestros amigos los reyes; por último, el juez desestima la propuesta del fiscal, la prensa apenas se hace eco de la noticia y nuevos antimonárquicos vuelven a quemar alguna foto o a montar algún pollo en un acto oficial. Y vuelta Perico al torno.
No voy a negar que Juan Carlos tiene todavía algo de tirón (ya se sabe, lo de “campechano” y todo eso) entre la gente, por aquello de que tuvo realmente una labor que hacer en el periodo de la transición democrática. Pero de aquello ya han pasado más de 30 años, y lo que está claro es que nadie va a tragar con su hijito Felipe y su señora doña Leticia. Si tanto queremos los españoles a nuestros reyes, que tengan huevos a organizar un referéndum cuando le toque reinar a Felipe. Ahí sí que nos íbamos a echar unas risas…
Mientras llega el añorado referéndum, estoy muy a favor de joder la marrana con múltiples actos de desobediencia civil, desde la quema de fotografías hasta la publicación de informaciones comprometedoras (y verdaderas) sobre la monarquía, que las hay y muchas, por cierto. Creo además que es necesario extender esta resistencia por toda España, para así evitar que los cafres de ERC y similares se apunten el tanto de ser los únicos que se oponen a la corona. Más que nada, porque no me gusta deberle nada a Carod Rovira y compañía.
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