miércoles, octubre 18, 2006

Ventajas de nuestra burocracia

No sé por qué le tengo tanta manía a la burocracia española. La desgana y el desinterés crónico de los funcionarios de la administración tienen sus cosas buenas y yo, que soy un resentido, sigo sin reconocerlas. Por ejemplo:

Un buen amigo se pergeñó una beca para irse un par de meses a investigar a un país extranjero. (Aclaración para no iniciados: “beca” significa “ayuda económica que cubre el 30 o 40% de los gastos totales, y que llega (si finalmente llega) con retraso de entre cinco y diez meses ). Pues eso: que el campeón se ha pasado medio año arreglando temas del visado, escribiéndose con la universidad de acogida y buscando una residencia en la que pasar la estancia. Hace un par de semanas, cuando le quedaban dos días para salir, le mandó un e-mail al director de la residencia para consultar un par de detalles de última hora. Y fue entonces cuando, ¡sorpresa!, el capullo de turno se descolgó con que no había ninguna reserva a su nombre. Mi colega demostró que tenía un e-mail con la aceptación recibido hacía meses, pero el director de la cosa le dijo que no sabía nada de eso y que no quedaban habitaciones libres. Así que mi amigo, tras bajón brutal en cuestión de minutos, tuvo que ir a su universidad y al ministerio de Educación para presentar formalmente la renuncia a la beca. Lo cachondo es que unos días después, el chaval recibió un e-mail en el que se le informaba que había una habitación libre en la residencia de marras. Mi amigo tuvo que recomprar el billete de avión que había anulado antes (con la consiguiente pérdida de dinero) y, tras avisar en la universidad que finalmente se piraba, tomó fuerzas ante lo que creía que iba a ser más duro que “Las doce pruebas de Astérix”: recuperar la carta de renuncia que había presentado en el ministerio.

Imaginémonos a mi amigo luchando contra la burocracia en la siguiente escena de película: el hombre entra a un gris edificio de arquitectura fascista, y sube rápidamente unas interminables escaleras de espiral mientras la cámara lo enfoca en plano contrapicado. No sé si fue así pero el caso es que podría haberlo sido, y eso es lo que me importa en este momento. La cuestión es que el chaval llega armado con su mejor retórica legal-administrativa, y solicita a la señora del mostrador la recuperación de la dichosa carta. Cuando espera ser redirigido hacia la primera de una interminable serie de ventanillas, observa con cierto asombro cómo la mujer estira la mano hacia una pila de papeles cercanos. Unos segundos después, tiene la carta de renuncia en sus manos. ¿Cómo fue posible todo esto, nos preguntamos? Muy sencillo: no hubo que rescatar la carta porque el trámite NUNCA fue puesto en marcha. En otras palabras: que la funcionaria había recibido el papel hacía una semana y todavía no se había molestado en activar el procedimiento. Normalmente, ahora debería ponerme a rajar contra una caradura que está más pendiente del desayuno de las 11 de la mañana que de atender las necesidades de la gente, pero… joder, su ineptitud salvó a mi colega. Así que, de todo corazón, le doy hoy las gracias a esta mujer, ejemplo palpitante del estajanovismo que caracteriza la burocracia patria.

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5 Comments:

At 11:42 a. m., Blogger Hans said...

La burocracia universitaria es una de las peores con mucho, te lo aseguro (y no hablo de oídas, como sabes). Me alegro por tu amigo.

 
At 12:01 p. m., Anonymous coltrane said...

agg, he estado a punto de gritar de emoción (aquí, en mitad de la biblioteca) cuando he leído que recuperaba la carta en SU PRIMER INTENTO. Lástima que todo fuera obra de la inpetitud funcionarial.

 
At 2:35 a. m., Blogger arbusto el guerrero said...

Coltrane: ya sólo te faltaba que te diera un colapso en mitad de la biblioteca. Sería triste que la espicharas por culpa de una historia de funcionarios, sabiendo que no son tu gremio favorito. Cuando tengas material nuevo sobre oposiciones masificadas y surrealistas, sabes que lo puedes contar en algún comentario. (ah, por cierto, aún no he visitado la página web que recomendaste www.psoe.tv)

Hans: ¿es que hay distintas burocracias? Me sorprende usted con su ilimitado conocimiento del medio, y le animo a marcarse un post si el tiempo y la inspiración lo permiten. Para mí todas las burocracias son la misma cosa, aunque sí es cierto que no es igual la diputación provincial que el ministerio, pongamos por caso. Una cuestión de jerarquías, quizá.

 
At 4:12 a. m., Anonymous el marques de bradomin said...

No sé, pero el caso es que la historia me suena...

 
At 10:37 a. m., Blogger Hans said...

Empleaba el término 'burocracia' en el sentido de conjunto de vericuetos papeleriles conducentes a la consecución (o no) de un resultado con base en la Acción u Omisión de la Administración. Es así que la universitaria es especialmente ineficiente, porque una parte de la misma está atribuida a personas que consideran estar como un palmo por encima del suelo y esas cosas -y los intentos de racionalizarlas- les parecen baladís. Vulgares. Problemas de alumnos o becarios, puagh, en definitiva (Ya sabes a qué me refiero). Un buen ejemplo es la matrícula en cualquier curso universitario (el proceso conducente a verificarla).
Apenas es algo más eficaz en la gestión de nóminas, aunque de esas también podría contar miles. Nefasta en la organización de proyectos de investigación. Si fuesen empresas se iban todos a la calle por chapuceros.
La Administración en España no es una, como bien sabes. Antes era básicamente una (con tres o cuatro grandes patas), ahora son más bien 17 con infinidad de huequillos diversos. Eso no la hace eficiente, pero en los huequillos a cargo de gente con mentalidad de burócratas puros (no de dignísimos descendientes directos de Marañón o Einstein) a veces puede pasar que la cosa no sea tan tremendamente nefasta.

 

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