lunes, septiembre 25, 2006

Por qué no me gustan las palomas

Hay que castrarlas. Hay que castrarlas a todas. Las putas palomas son una especie animal cuya utilidad no es que sea cero (¿alguien utiliza palomas mensajeras a estas alturas? No se me ocurren más usos palomiles) sino que además joden los monumentos y los edificios con su jodida caca radioactiva. Cansadas de atacar los (escasos, para qué negarlos) monumentos que hay en mi Kabul, ahora la han tomado con el balcón de chez Arbusto. Ya me había resignado a que el suelo de la terraza apareciera lleno de mierdecitas un día sí y otro también, pero es que en la mañana de ayer uno de estos especimenes se dedicó a chocar, una y otra vez, contra el cristal que hay entre el balcón y mi dormitorio. Me levanté sonámbulo después de madrugar (las 11 de la mañana del domingo es “madrugar”, para mí) y la allí la vi, tan ufana ella, dándose cabezazos contra la ventana y dejando caer excrementos a intervalos regulares de minuto y medio.

La frialdad en momentos difíciles no es una cualidad muy arbustiana, para qué negarlo. Lo único que mis adormiladas neuronas acertaban a comunicar era algo así como “lanzar objeto a ese animal / lanzar objeto con fuerza”. Después de deambular por el salón y la cocina al más puro estilo lemmings, encontré la que creía ser la “solución final” (nótese el eco hitleriano de estas palabras): cogí una botella vacía de agua y la llené del líquido elemento. (Inciso hooligan: quien ha ido a un campo de fútbol sabe el daño que se puede hacer al árbitro si le lanza la botella con cierta puntería). Abrí la puerta de la terraza y, cuando ya tenía el brazo armado cual jugador de balonmano, apareció la siempre cabal Copycat para impedir la agresión en virtud del siguiente argumento: “si tiras contra la paloma según está ahí, te vas a cargar el cristal, pedazo de gañán”. Después de calibrar este inconveniente, acabé por reconocer lo erróneo de mi planteamiento anti-palomas. Así que, a indicación de Copycat de nuevo, entré a la cocina y agarré una escoba que me sirvió, más mal que bien, para dar un estacazo al animal de marras. Aunque no le pegué de lleno, al menos no volvió por la terraza en toda la tarde.

5 Comments:

At 10:01 p. m., Blogger Hans said...

Ya. En fin, como digo yo siempre: "Menos mal que están a nuestro lado". No me refiero, naturalmente, a las palomas. A mí, sin embargo, ella no me llama gañán.

 
At 1:23 a. m., Blogger Copycat said...

¡Eh, un momento! En mi defensa debo puntualizar que WarriorBush tiende a decorar sus narraciones con apelativos que, al menos en esa ocasión, no le dediqué.

Eso no quiere decir que no le haya llamado gañán alguna que otra vez, pero siempre en tono cariñoso, eso sí.

 
At 4:37 p. m., Blogger Nuria y Jose said...

Pues Nuria por poco se piña por no atropellarlas. Es uno de los pocos animales que no respetan al hombre (al homo sapiens sapiens). Si vas con tu coche por el barrio y hay palomas en el suelo debes esperar hasta que se aparten para seguir tu camino, pocas veces salen volando o se piran. y si vas algo rapido de velocidad y pegas un frenazo por la puta paloma te dan "por atrás". si.
además hacen un ruido asqueroso, llenan las calles de mierda y además se cagan en la ropa si la tiendes fuera. Y además los chinos hacen con ellas los rollitos de primavera y todo lo que denominan "pollo".
Son feas y unas hijas de puta!

Que las sustituyan por monos

 
At 9:35 a. m., Blogger Hans said...

Si vivieseis en Zaragotham SI sabríais lo que es sufrir por culpa de las palomas. A ellas hay que eliminarlas, pero a las ancianas semitaradas que van desperdigando migas de pan para alimentarlas, también. Serán cabronas...

 
At 2:51 p. m., Blogger arbusto el guerrero said...

Desde luego, el binomio "palomas + viejas esparciendo migas de pan" es perfectamente prescindible para la historia de la humanidad. Habría que tomar medidas un tanto "drásticas", desde luego.

En cuanto a lo que dice Jose de los chinos, me creo que sea así. Aunque no sé qué es peor: comer paloma en lugar de pollo o pedir aleta de tiburón y que te pongan el cartílago de la oreja del cerdo (porque es eso lo que hacen).

Y, sí, CC: creo que me llamaste (merecidamente) gañán.

 

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