jueves, diciembre 22, 2005

Accidentes

Siempre que voy a mi casa por navidades tengo que actualizar toda la información desfasada. Para esa misión, nadie como mi madre: resume con celeridad lo ocurrido y transcribe con total fidelidad todas las conversaciones significativas. Éstas son las palabras que una vecina le dijo hace poco:

“¿Sabes que el otro día el butanero me dio por detrás?”

Sí, amigos. Los butaneros siguen más activos que nunca. Y el caso es que, como consecuencia de la embestida, esta vecina ha sido indemnizada con 12 millones de las antiguas pesetas y con una paga de pensionista.

Pero, ¿cómo sucedió todo?

La historia es larga. Mi pueblo es una de las mayores concentraciones de tullidos que puede haber en la geografía nacional. No me refiero a personas con alguna discapacidad física de nacimiento, sino a gentecilla con la peculiar habilidad para tener accidentes y sacar buena tajada de ellos. Francis es un buen ejemplo. Este chaval de 23 años pasó una adolescencia dudando entre imitar al Vaquilla o al Lute. Finalmente, encontró un trabajo en una fábrica o algo por el estilo, y se dedicó a ventilar el sueldo mensual en generosas cantidades de hachís. Hasta ahí, su biografía no es muy original. Un aciago día, decidió comprar unos porritos antes de volver a casa para zamparse la comida que su madre le tenía preparado. Pero… un coche le dio un toque al ciclomotor y el bueno de Francis tuvo que practicar vuelo sin motor. Conclusión: hostiazo en la cabeza y, desde entonces, el chico es un poco lento en sus conversaciones.

¿Y a mí que me importa esta vulgar narración arbustiana, diréis vosotros? Atended. No sé cómo pero su madre se agenció a un pedazo de abogado, quien hizo decir a Francis que el accidente lo había tenido en horas de trabajo. En el juicio, el abogado del seguro espetó: “¿qué hacía el chaval metiéndose en el peor barrio de la ciudad con su moto, en lugar de tomar el trayecto hacia su casa?”. Francis, bien aleccionado, contestó que iba a comprar un pollo. Risas en la sala y cachondeo perpetuo en mi pueblo. Pero Francis seguía insistiendo en que iba a comprar un pollo y aquello era palabra sagrada. El juez tuvo que creerle y, desde hace un par de años, Francis disfruta de un pedazo de pensión. Vamos, que se ha quitado de trabajar.

Decíamos antes: “¿Sabes que el otro día el butanero me dio por detrás?” Resulta que la autora de la frase es la celebérrima madre de Francis. La mujer, igual que el 90 por ciento de los españoles, tiene dolores en la espalda (rollo cervicales y todo eso). Resulta que hace unos días el butanero le dio un golpe con el coche y ella, rauda y veloz, acudió a ese ya mítico abogado. Este individuo argumentó que los “horribles” dolores de espalda fueron provocados por el accidente y, bueno, qué os voy a contar… 12 millones de indemnización y pensión vitalicia. Francis y su madre, su madre y Francis: dos tipos listos.

Posdata arbustiana: la hermana de Francis no pudo llevarse otra pensioncita. Ella iba en el coche cuando ese bruto del butanero llegó por detrás. Al menos, el abogado pudo arrancar cuatro kilitos para la chica (ya se sabe que los traumas son muy malos).

Posdata arbustiana 2: no creáis que Francis ha quedado completamente inservible. Casualmente, empezó a salir con una chica justo después de recibir la pensión. Como son gente con prisa, a las tres semanas ya le había clavado un bombo. Ahora Francis pasea a su hijita Cristal por las calles del pueblo, con su mujer cogida del brazo. ¿Quién es el tonto, Francis o nosotros?

3 Comments:

At 4:02 p. m., Anonymous Sue said...

Consígueme el teléfono de ese abogado ya, que ya se ha visto que con la lotería no hacemos nada.

 
At 11:35 p. m., Blogger Hans said...

Evidentemente, el tonto es Francis. Cuando la nena tenga edad suficiente le clavará un pleito (defendida precisamente por el Letrado en cuestión, que no os olvidéis que sólo asesora al hijoputa que después miente en Sala comprando pollos, aténción: los abogados no tienen culpa de nada) por daños morales dimanantes de haber soportado las coñas por esa cursilada de nombrecito (Cristal... por menos de eso, gente hubo que acabó en Matthausen) y le quitará toda la panoja. Cabrón... Que se joda.

 
At 12:32 a. m., Blogger arbusto el guerrero said...

Siempre he mantenido que antes de poner a un ser humano un nombre del tipo Cristal habría que pedirle permiso. Por cierto, no sé si será Cristal o Crystal... vaya usted a saber.

 

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