martes, febrero 28, 2006

Muertos vivos en Palestina

Se persigue, se ataca, se desprecia al otro. Hasta ahí, de acuerdo. Pero no es menos cierto que, en Occidente siempre nos hemos sentido fascinados por lo otro: basta recordar el fervor que la Revolución China despertó entre la gran mayoría de intelectuales europeos. La dictadura de Mao no era interpretada como la matanza sistemática de millones de personas sino como un nuevo modo de vida, algo bellísimo que permitiría al ser humano liberarse de la opresión capitalista y vivir, por fin, en igualdad de condiciones con los otros miembros de la sociedad (igualdad = todos igual de pobres). Incluso un fanático como Bin Laden despertaba – y sigue despertando, quizá – cierta admiración en Occidente. Su imagen de guerrillero que desafía al Imperio, su delicada dicción… son elementos que provocan una respuesta positiva en un importante número de ciudadanos.

Y qué decir de la causa palestina, bandera eterna de una izquierda oficial que después de la desaparición de la Unión Soviética ha concentrado todos sus deseos e impotencias en una palabra con resonancias mágicas: Intifada.

La débil argumentación retórica contra Israel (hay otras formas de criticarlo, pero ello exigiría cierta disciplina intelectual) se basa en el siguiente razonamiento: “Es tanta la opresión que sufren los palestinos que tienen que sacrificar sus vidas por la causa”.

Erróneo. Esta es una obscena conclusión de quien no quiere percibir lo que sucede en el mundo. El hecho de que haya suicidas en Palestina no es algo que se explique por la opresión israelí. Antes que esta situación política concreta, emerge un conglomerado ideológico-religioso en el que vírgenes del paraíso, madres necrófilas y dirigentes sin escrúpulos interactúan a modo de macabro carnaval medieval.

Basta leer la siguiente noticia.

3 Comments:

At 8:15 p. m., Anonymous El Marqués de Bradomín said...

Ya se sabe que un buen sector de la izquierda europea (la no democrática) prefirió a Sartre sobre Camus, es decir, la justificación (que no sólo la negación) del "Gulag" soviético en vez del rechazo frontal a toda forma de totalitarismo. Camus se la jugó en la resistencia contra los nazis mientras Sartre vivía plácidamente en la Francia ocupada... Con el tiempo, el debate histórico entre uno y otro, y de paso su calidad filosófico-literaria, se decantan claramente a favor de un gigante: Albert Camus.
En cuanto al tema palestino ya sabe usted don Arbusto, que mientras algunos, no pocos entre los izquierdistas de pales y litrona, sigan considerando a los civiles israelíes objetivo militar la situación no tiene salida. Eso al margen de la ocupación ilegal de los territorios palestinos por parte de Israel que nunca nos cansaremos de denunciar.

 
At 12:51 a. m., Blogger arbusto el guerrero said...

Usted siempre tan equilibrado, señor de Bradomín.

Leyendo su comentario me acuerdo ahora de la hijita de ese profesor de la Universidad Complutense (delegado de la OLP en España, creo) y de sus palabras en aquel curso de doctorado: "considero a los civiles israelíes como objetivo militar".

En cualquier caso, la necedad es universal y no hay que darles más vueltas al asunto. Lo que verdaderamente me inquieta es saber que en Palestina hay madres que están deseando la muerte de sus hijos. No consigo entender que una mujer se alegre por la muerte de alguien a quien llevó dentro de su cuerpo durante nueve meses. Es algo que contradice los instintos más básicos del ser humano. Y, como digo en mi post, el producto bestial de una estructura ideológico-religiosa respecto de la cual Israel no representa sino un papel coyuntural.

 
At 5:44 p. m., Anonymous sue said...

Ahí está la prueba de que no por ser madre te conviertes en buena (o normal) persona. ¿Por qué las madres permiten que se carguen a sus hijas en "crímenes de honor"? ¿Por qué permiten que las mutilen sus genitales? Si, porque las madres están de acuerdo, se quiere disfrazar estas aberraciones de "prácticas de otras culturas" es que nos hemos vuelto todos imbéciles. Y perdón por salirme del tema de Palestina, que ahí prefiero no entrar porque no tengo una opinión tan autorizada como mis ilustres predecesores en los comentarios.

 

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