martes, octubre 25, 2005

Historias de radio

Arbusto Guerrero acredita un amplio historial como participante de concursos chuscos de radio. Por qué vamos a negarlo.

Nos situamos en el año 1991.

Cobras una mierda y tienes que rellenar toda una mañana con un programa en directo para una radio provincial. ¿Cómo solucionar este embrollo? Pues planteando un concurso absurdo, de la rama divulgativo-histórica (divertir y enseñar a la vez, qué excelso placer) y esperar a que una colección de pardillos se gaste el dinero llamando a la emisora. Como no podía ser de otro modo, uno de los capullos que llamó era Arbusto en su más tierna infancia.

La pregunta que hicieron a Arbustín fue… bueno, en realidad no la recuerdo. Pero sí recuerdo que la respuesta era “La Constitución de 1812”. No, amigos, no se trató de una demostración de mi apabullante cultura desde edades tempranas (aunque, por qué negarlo, siempre fui un gafotas) sino de un vil soplo que me dieron mis progenitores. Ellos movían los labios, gesticulaban (¿cómo cojones se gesticula “La Constitución de 1812”?) y, dada mi incapacidad para enterarme, me lo dijeron en voz baja. Aquel soplo se oyó perfectamente en antena, pero al locutor eso le daba exactamente igual.

Parece ser que la respuesta fue tan rápida que los de la radio se quedaron sin material para seguir en el aire, por lo que me preguntaron: “¿y con qué nombre conoce popularmente esa constitución?”. Arbustín, más de lo mismo: waiting for the soplo. Y Arbustín oyendo algo así como “Pepa, Pepa” y negándose a pronunciar ese nombre en la radio (¿en qué país se puede llamar “Pepa” a un texto de tanta importancia histórica?). Sí, amigos, era “La Pepa”. Al final me atreví a decir la palabra mágica y aquello se convirtió en un festival de la alegría.

Pero no todo iba a resultar tan fácil. Ya que había cazado a un pardillo, el presentador no podía perder la oportunidad de rellenar más minutos de radio con esfuerzo cero. El muy cabrón (y esto sí lo digo con odio) me entonces pidió que le hablara de algún sitio típico de mi comarca, you know, algún lugar para visitar los domingos. Paleto elevado al cuadrado, Arbustín sólo se acordó de un descampado a las afueras del pueblo, donde la gente practica el saludable deporte de ponerse hasta las trancas de carne y alcohol en las mañanas del fin de semana. Y aquella conversación se alargaba minutos y minutos, aunque en realidad no había nada de qué hablar.

Cuando colgué el teléfono me sentí bien. Había empatía con la familia: éramos un equipo.

Nunca llegó regalo alguno a mi casa.

Posdata arbustiana: hay un colega que conserva una grabación del programa. El cabroncete la utiliza de vez en cuando para reírse de Arbusto y, sabedor de que en el futuro será el rey del mundo, espera pacientemente para realizar un chantaje millonario. Pero Arbusto avisa: “quizá me salga más barato pagar un sicario que comprarte la cinta”. Así que, cuidadín, que diría Little Tiny of the Calzada.

3 Comments:

At 8:38 p. m., Blogger Haters said...

Yo gané dos entradas para un partido del Barça por acertar el nombre del máximo goleador de las ligas europeas. Un tío de la liga austriaca de hace como 13 años. Llamaron un montón, pero sólo yo lo sabía.

Superad eso.

 
At 12:04 p. m., Blogger Quic said...

Yo gané 100.000 pelas por responder "Marcel Wust" a no recuerdo qué pregunta de ¡ciclismo! Evidentemente, insuperable.

 
At 2:51 p. m., Anonymous Sue said...

Varia cosas:
1. Queremos la grabación en este blog ¡ya! O lo pones por las buenas o seremos los lectores los que le tengamos que hacer una oferta a tu amigo (sé dónde vive).
2. No era la más tierna infancia de Arbustín, era la adolescencia de un caradura que sólo por afán de lucro pudo vencer su pudor y decir "Pepa" en la radio.
3. Si de lo que se trata es de premios ingeniosos, no puedo competir: sólo gané la porra de OT1 de mi trabajo: 60 euros por Rosa, Bisbal y Bustamante. Si, por el contrario, hablamos de premios vergonzosos, puedo superaros a todos, pero me guardo la anécdota porque es demasiado humillante para mi persona.

 

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